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Imaginarios comunes. Obra periodística de Fernando Toloza (Córdoba, Ediciones Recovecos, 2009)

 

Prólogo

por Diego Colomba

 

La vida de Fernando Toloza (Rosario, 1966) estuvo signada por su pasión libresca. Ya era un lector experimentado cuando ingresó

a la carrera de Letras, en la Facultad de la calle Entre Ríos, en Rosario. Allí se desempeñó como ayudante alumno en la cátedra de

Literatura Europea II, a cargo del poeta Aldo Oliva. Durante su etapa estudiantil, trabajó en librerías –incluso llegó a tener la suya

propia: El hijo pródigo. En 1991 participó en la fundación de la editorial Bajo la luna. Dos años después ingresó al diario La Capital,

donde se desempeñó como corrector, periodista de espectáculos, editor del suplemento Cultura, y colaborador del suplemento

cultural Señales, desde su aparición.

Toloza fue además colaborador de Diario de Poesía y editor de los últimos números de Vasto Mundo, la revista de la Secretaría de

Cultura de la ciudad de Rosario y editor, desde su fundación, de Lucera, la revista del Centro Cultural Parque de España, hasta su

muerte en diciembre de 2005, en un accidente de tránsito.

Como puede apreciarse, su fervor por los libros lo llevó a intervenir prácticamente en todos las actividades relacionadas con

su producción, circulación y consumo, tareas en las que pudo dar cuenta, según numerosos testimonios, de una humilde erudición.

En el 2006 se publicó Fuera de temporada, un libro de poemas que había dejado listo para su publicación.

Esta obra Los textos compilados en este libro fueron pensados y escritos para soportes mucho más conectados con la actualidad

que el libro: los suplementos y secciones Cultura, Señales y Escenario del diario La Capital, y la revista Lucera. Fueron producidos entonces en función de los medios del periodismo cultural rosarino, desde el año 1999 hasta finales del 2005, con la mirada de alguien ajeno a

la ciudad donde se concentran las industrias culturales del país, pero alejado a la vez de todo afán pintoresquista o provinciano.

Las diferentes secciones en que se divide esta obra dan cuenta de la variedad de géneros que Fernando Toloza practicó dentro de

ese campo, extenso y heterogéneo de por sí. También es perceptible el modo diferente de tratar a alguno de ellos según los diversos

públicos que suponen la revista cultural, el suplemento cultural o el de espectáculos. Nada de esto escapó al enfoque y estilo de Toloza.

El hecho de haber sido un profesional del periodismo —se desempeñó como redactor, corrector y editor—, es significativo en

relación con esa franja del oficio denominada “cultural”, llevado adelante muchas veces por intelectuales ajenos al medio laboral,

que suelen olvidar, por diversas razones, quiénes pueden ser los destinatarios reales de sus textos.

Si bien su formación es eminentemente literaria, como buen periodista sabe que en el encuentro con el arte y sus hacedores su

lugar es el del interesado por los “imaginarios comunes”. Los apartados “Españoles en Rosario”, “Conversaciones” y “Pasiones literarias”

dan sobrada cuenta de ello. Al tiempo que se vislumbran las inquietudes de un lector ferviente y de un escritor, las preguntas,

el enfoque, las líneas argumentales o los rasgos de estilo tienden a llevar las preocupaciones o miradas singulares de las que se ocupa

hacia el terreno de lo que puede compartirse con los lectores, lo que puede hacerse común. El título de esta compilación, que recuerda

al mismo Toloza cuando habló alguna vez de “imaginarios de la ciudad”, pretende recordar esa tensión, inestable e irresuelta,

entre creatividad y reproducción. Algo que parecen confirmar las palabras de uno de sus entrevistados, un escritor argentino objeto

de su admiración: “siempre huí de la cultura”.

El nuevo contexto de recepción que supone el libro modifica, entre otras cosas, esa relación tensa y constante entre lo periodístico

y lo cultural, entre la reproducción del capital cultural objetivado de una sociedad y la producción creativa y exploradora de

campos estéticos e ideológicos, y abre los textos de Toloza a posibilidades de lectura imprevistas, novedosas.

Sin que se reste méritos a una producción prolífica e intensa, se debe señalar que los textos de Toloza no emergen como fenómenos

aislados del periodismo cultural rosarino. No casualmente es nombrado en una panorámica de la escena local a cargo del escritor

y periodista Elvio Gandolfo para el diario La Capital, en diciembre del 2005. Para alguien que había participado de la vida

cultural rosarina décadas anteriores, la dinámica y vitalidad del campo por entonces resultaba “difícil de creer”. El articulista daba

algunos nombres propios, hacía referencia a ciertos medios y experiencias editoriales, advirtiendo, aunque sin explicitarlo, sobre

una creciente presencia generacional, de la que Toloza formaba parte, responsable de haber transformado la fisonomía cultural de

una ciudad.

 

 

Textos seleccionados

La sección “Españoles en Rosario” está integrada por una serie de notas que mixturan perfiles de escritores con la crónica de sus visitas o residencias en Rosario y fueron publicadas en los primeros seis números de Lucera. En “Un status etéreo”, un artículo aparecido en el n° 7 (diciembre 94-enero de 1995) de la revista Vasto mundo, Toloza advertía tempranamente sobre la “demanda social” a la que

supuestamente responderían, años más tarde, los artículos de esta serie: “la avidez por los relatos de viaje, cartas, escritos u otras expresiones que cualquier extranjero que haya pasado por Rosario produjo. Una curiosidad incontenible domina al rosarino, quiere saber inmediatamente qué se ha dicho sobre su ciudad y cada palabra de los otros alimenta el reservorio de imágenes con que nos identificamos.” Es por ello que el título de la serie plasma tan bien la intención de pintar a un tiempo tanto el carácter y personalidad de un

escritor como el color y el espíritu de un medio cultural, aun cuando la pintura no resulte benévola o complaciente para ninguna de las partes. “Españoles en Rosario” apela a la biografía literaria, la crítica de textos y la historia cultural en una prosa amena que exhibe los destellos de un lector agudo y sensible.

“Conversaciones” cuenta con entrevistas realizadas en Rosario y Buenos Aires, algunas pocas por vía telefónica; las más breves fueron publicadas en el diario La Capital y las más extensas en Lucera. El III Congreso de la Lengua Española, realizado entre el 17 y el 20 de noviembre de 2004 en Rosario, motivó la realización de muchas de ellas.

El título del apartado hace referencia al ideal perseguido por toda entrevista cultural: la de volverse, como señaló el investigador Jorge Rivera, “una conversación entre conocedores”. Esto no es fácil de lograr, sobre todo cuando se entrevista a autores españoles o latinoamericanos poco difundidos en nuestro país. Sin embargo, Toloza evidencia no sólo el conocimiento de sus obras, sino un trato intenso con algunas de ellas. A veces más amigables, otras mucho menos —sobre todo con algunos autores extranjeros—, estas conversaciones logran lo que el lector espera del género: que el entrevistado se explaye sobre sí mismo, su obra, su cosmovisión y el mundo que habita o habitaron otros hombres.

“Géneros voraces” hace referencia a una expresión del mismo Toloza, cuando señala el modo en que el cine de Hollywood asimila programas de TV, viejas películas, sagas novelísticas, historias y personajes de historietas y cuentos populares. Sirve también para dar cuenta de otras transposiciones: una novela hecha con fragmentos de películas, libros de autoayuda elaborados como novelas, un

best seller que se escribe prefigurando su pronta hechura cinematográfica.

En “Pasiones literarias” el autor exhibe su eficacia a la hora de fusionar retratos y crónicas de escritores, obras y contextos, mixturas que al tiempo que capturan la atención fruidora del lector revelan vidas en las que late “la feroz pasión por la literatura”. Como también lo manifiesta en las entrevistas, Toloza descree de las teorías que declaran “la muerte del autor” y considera el cruce entre literatura y

vida como una de las vías de acceso a los textos más fascinantes. Sin descuidar los aspectos formales de una obra, logra muchas veces cautivar al lector con sus pretextos, que parecen inagotables y hablan a las claras de su sostenida afición por las biografías, autobiografías, memorias y epistolarios de escritores.

“Lecturas” incluye reseñas bibliográficas publicadas en los suplementos Cultura y Señales del diario La Capital.

Como en el caso de algunas entrevistas, se dan a conocer ahora originales modificados en su momento por razones de extensión. Lejos de convertirlas en ensayos encubiertos, Toloza entendió a las reseñas como breves textos que aúnan una idea sucinta del contenido de un libro y un juicio igual de breve. Tal vez por ello, del gran número de textos escritos sean muchos menos los que soporten el anacronismo

que supone la compilación.

“Ver películas” reúne algunos comentarios críticos de filmes, y exhiben la singular fascinación de un lector de alta literatura por las películas de género, de las que se solía ocupar de manera preponderante en Escenario, sección y suplemento de espectáculos del diario La Capital. El primer texto del siguiente apartado puede ser leído como una declaración de principios sobre su oficio de crítico de cine.

La sección “Puntos de vista” está integrada por breves notas de opinión aparecidas en el diario La Capital, cuyos títulos eran precedidos por las fórmulas “Yo creo:”, “Yo digo:” o “Punto de vista:”. Su redacción alternaba entre los diferentes periodistas especializados. En ellas, Toloza traza mínimos ensayos a partir de un detalle que logra iluminar, sin altisonancias, aspectos del presente cultural.

 

 

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